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viernes, 13 de septiembre de 2013

LA PRÁCTICA DE LA PRESENCIA DE DIOS: LA MEJOR REGLA PARA UNA VIDA SANTA Conversaciones y cartas del Hermano Lorenzo

LA PRÁCTICA DE LA PRESENCIA DE DIOS: LA MEJOR REGLA PARA UNA VIDA SANTA

Conversaciones y cartas del Hermano Lorenzo
(en el mundo Nicolás Herman c.1610-1691), laico Carmelita del convento de París, Francia.

INTRODUCCIÓN
Aunque había llevado la vida normal de cualquier joven francés de clase media de inicios del siglo XVI, Nicolás Herman, nacido alrededor de 1610 en Herimenil, Lorraine (en ese entonces  ducado de Francia), tuvo a los dieciocho años una intensa experiencia de Dios al contemplar un sencillo fenómeno de la naturaleza: la desnudez de un árbol en invierno.
Pese a que dicha experiencia de Dios lo motivó originalmente a una vida totalmente dedicada a la oración; terminó desperdiciando las dos siguientes décadas de su vida en el ejército, donde participó en la guerra de los Treinta Años.
Pero el “mastín de Dios” finalmente lo alcanzó: antes de cumplir los cuarenta años, una fuerte turbación espiritual y un profundo arrepentimiento –producto de un conjunto de eventos, entre ellos una herida de guerra que lo dejó lisiado- lo llevó primero a vivir en soledad en el bosque, como los primeros anacoretas y, luego, a modo de transición, a trabajar en el servicio público.
Finalmente, solicitó su ingreso en un, entonces, nuevo monasterio carmelita en París en calidad de hermano laico, con el deseo de hacer penitencia por los pecados cometidos en su vida.
En el monasterio, que llegó a tener cien religiosos, se dedicó a la cocina durante quince años hasta que fue trasladado al taller de reparación de sandalias, aunque frecuentemente tenía que regresar a ayudar a la cocina. El trabajo, casi siempre repetitivo, se extendía por numerosas horas, todos los días incluidos los domingos.
Sin embargo, en medio de las fatigas, la rutina y el escaso tiempo para la oración, el Hermano  Lorenzo descubrió la enorme paz y el eficaz camino a la santidad que le ofrecía una práctica muy sencilla, que llegó a vivir plenamente: el ejercicio de la presencia de Dios.
Tímido y servicial, Lorenzo huía sistemáticamente de las conversaciones y las recreaciones. Pero  la felicidad de su vida se transparentaba, y suscitaba en muchos de sus hermanos y visitantes del convento el deseo de conocer su “secreto”.
Secreto que el Hermano se hubiera llevado a la tumba si no fuera por el P. Joseph de Beaufort, consejero del Arzobispo de París, quien recopiló sus recuerdos de cuatro conversaciones con el Hermano y quince de sus cartas, la mayoría de ellas escritas a una misma persona; y las publicó en la forma de un pequeño libro titulado La Práctica de la Presencia de Dios. “La mejor regla
para una vida santa” fue el subtítulo de la obra.
De Beaufort relata que cuando sostuvo sus conversaciones con el Hermano Lorenzo, éste tenía unos cincuenta años, tenía una cojera marcada –herencia de su participación en la guerra- y tenía un aspecto “rudo en apariencia, pero gentil en gracia”.
El Hermano Lorenzo murió en 1691, después de haber practicado por cuarenta años el ejercicio de la presencia de Dios.
El libro publicado por de Beaufort no tiene ningún carácter sistemático; pero presenta con gran elocuencia medios muy prácticos y concretos para vivir la presencia de Dios en medio de las actividades más aparentemente irrelevantes, tediosas o agobiantes de la vida diaria.La sabiduría del Hermano Lorenzo, sorprendentemente, parece preparada para el siglo XXI, porque sus penetrantes y sabias observaciones sobre las angustias producto de la tensión entre el “hacer” y el “orar”, se resuelven en una verdadera espiritualidad de la acción; donde superando una falsa oposición, la oración se vuelve vida, para que la vida se vuelva constante oración.
El texto en español es traducción de la primera versión elaborada en inglés (ABR).
Primera Conversación
Vi al Hermano Lorenzo por primera vez el 3 de Agosto de 1666. Me dijo que Dios le había hecho un favor singular cuando se convirtió a la edad de dieciocho años. Durante aquel invierno,
viendo un árbol despojado de sus hojas, y considerando que dentro de poco tiempo las hojas volverían a brotar, y considerando que poco después aparecerían las flores y los frutos, el Hermano Lorenzo recibió una alta visión de la Providencia y el Poder de Dios que desde entonces nunca se ha borrado de su alma. Esta visión lo liberó perfectamente del mundo, y encendió en él un amor a Dios tan grande, que no podía afirmar que hubiera aumentado en los más de cuarenta años vividos desde entonces. 
Dijo que había trabajado como empleado de M. Fieubert, el tesorero, pero que era tan torpe que rompía todo.
Había luego deseado ser recibido en un monasterio pensando que allí podría cambiar su torpeza y las faltas que hubiese cometido, y así sacrificaría, a Dios, su vida con sus placeres: pero Dios lo “decepcionó”, porque no había encontrada nada más que satisfacción en dicho estado.
Deberíamos enraizar nuestra vida en el sentido de la Presencia de Dios, mediante la conversación continua con Él. Es vergonzoso dejar de conversar con Él para pensar en frivolidades y tonterías.
Deberíamos alimentar y nutrir nuestras almas con elevadas nociones de Dios, que nos producirían gran alegría al dedicarnos devotamente a Él.
Deberíamos apremiar, es decir, avivar nuestra fe. Es lamentable que tengamos tan poca; y que en lugar de tomar la fe como regla de su conducta, los hombres se entretengan con devociones triviales, que cambian a diario. El camino de la fe es el espíritu de la Iglesia, y basta para llevarnos a un alto grado de perfección.
Deberíamos entregarnos a Dios tanto en las cosas temporales como en las espirituales, y buscar nuestra satisfacción solamente en el cumplimiento de su voluntad, ya sea que Él nos guíe mediante el sufrimiento o mediante la consolación, pues todo debería ser igual para un alma verdaderamente resignada. Era necesaria la fidelidad en momentos de sequedad, insensibilidad o tedio en nuestra oración, por medio de las cuales Dios prueba nuestro amor a Él; esos son los momentos para realizar buenos y eficaces actos de abandono, porque uno sólo de ellos hecho frecuentemente promovería grandemente nuestro crecimiento espiritual -Acerca de las miserias y pecados del mundo que escuchaba diariamente, él, muy lejos de sorprenderse de ellos; por el contrario, estaba sorprendido de que no hubiera más, considerando la malicia de la que eran capaces los pecadores: por su parte, oraba por ellos; pero sabiendo que Dios podía remediar el daño que ellos hacían cuando Él así lo deseara, él no se hacía demasiado problema con el asunto.
Para llegar al abandono que Dios requiere, deberíamos vigilar atentamente todas las pasiones que se mezclan tanto con las cosas espirituales como aquellas que son de una naturaleza más burda: Dios dará luces respecto de tales pasiones a quienes verdaderamente desean servirlo Si mi deseo era verdaderamente servir a Dios, podría venir a verle (al Hermano Lorenzo) tantas veces como quisiera, sin temor de ser una molestia. Pero si no era así, entonces no debía visitarlo más.
Segunda Conversación
Él siempre había sido gobernado por el amor, sin deseos egoístas; y habiendo hecho del amor de Dios el fin de todas sus acciones, había encontrado razones para estar bastante satisfecho con su método. Estaba contento cuando podía levantar una pajita del suelo por amor a Dios, buscándole sólo a Él y nada más, ni siquiera esperando sus dones. Durante mucho tiempo había estado afligido interiormente por creer que se condenaría; y ni todos los hombres del mundo podrían haberlo persuadido de lo contrario; pero finalmente razonó consigo mismo de esta manera: no entré en la vida religiosa sino por amor a Dios, y me he esforzado por actuar sólo para Él; sea lo que sea de mí, sea perdido o salvado, siempre seguiré obrando puramente por amor a Dios. Por lo menos tendré este bien, que hasta la muerte habré hecho todo lo que me es posible para amarlo. Esta tribulación interior había durado cuatro años, durante los cuales había sufrido mucho.
Sin embargo, desde aquel momento había pasado su vida en perfecta libertad y una continua alegría. Puso sus pecados ante Dios, tal como eran, para decirle que no merecía sus favores, sin embargo Dios seguía derramándolos en él abundantemente.
A fin de formar el hábito de conversar con Dios continuamente y de referir todo lo que hacemos a Él, al principio debemos dedicarnos a Él con cierto esfuerzo: pero que después de un poco de esfuerzo deberíamos encontrar que su amor nos estimula interiormente a hacerlo sin ninguna dificultad.
Él esperaba que después de los agradables días que Dios le había dado, le tocaría el turno al dolor y el sufrimiento; pero no estaba inquieto por ello, sabiendo muy bien que no pudiendo hacer nada al respecto, Dios no fallaría en darle la fuerza para soportarlos.
Cuando se le presentaba la ocasión de practicar alguna virtud, se dirigía a Dios diciendo, Señor, no puedo hacer esto a menos que me hagas capaz de hacerlo; y entonces recibía fuerzas más que suficientes.
Cuando había fallado en su deber, solamente confesaba su falta diciéndole a Dios. “jamás podría hacer algo distinto, si me abandonas a mí mismo; Eres tú quien debe impedir mi caída, y corregir lo que está mal”. Después de esto, no se consentía ninguna inquietud al respecto.
Debemos actuar con Dios con la mayor simplicidad, hablando con Él franca y sencillamente, implorando su asistencia en nuestros asuntos en la medida en que ocurren. Dios nunca había fallado en concedérselo, como lo había experimentado frecuentemente.
Recientemente había sido enviado a Borgoña, para comprar la provisión de vino para la comunidad; tarea que le resultaba muy poco grata porque no tenía ninguna inclinación para los negocios, y porque era cojo y no podía moverse en el barco sino rodando sobre los toneles. Sin embargo, no se consintió ninguna inquietud sobre esto o sobre la compra del vino. Le dijo a Dios que se trataba de su negocio y que finalmente lo había hecho muy bien. El año anterior
había sido enviado a Auvergne con la misma tarea, y aunque no podía decir cómo sucedió el asunto, todo había resultado muy bien.
De la misma manera, con su trabajo en la cocina (al cual por naturaleza tenía una gran aversión), habiéndose acostumbrado a hacer todo por amor a Dios, en oración en todo momento, pidiendo su gracias para hacer su trabajo bien, todo le había resultado fácil durante los 15 años allí transcurridos Estaba muy feliz en el puesto que ocupaba ahora, pero estaba tan dispuesto a renunciar a él como el anterior, ya que estaba satisfecho en cualquier circunstancia, pues hacía pequeñas cosas por el amor de Dios.
Los momentos establecidos para la oración no eran diferentes de otros momentos: se retiraba a orar, de acuerdo a las indicaciones de su superior, pero no deseaba esa clase de retiro.
Tampoco los solicitaba, porque ni el trabajo más grande lo distraía de Dios.
Debido a que conocía su obligación de amar a Dios en todas cosas; y que se había esforzado por hacerlo así, no necesitaba que un director le aconsejara; pero sí más bien un confesor que lo absolviera. Era muy sensible a sus faltas, pero ellas no lo desanimaban; las confesaba a Dios y no discutía con Él para justificarlas. Cuando así lo hacía, apaciblemente retomaba su práctica usual de amor y adoración.
Durante sus inquietudes mentales no consultaba con nadie; sino que sabiendo por la luz de la fe que Dios estaba presente, entonces se contentaba con dirigir todas sus acciones a Él; es decir, haciéndolas con el deseo de agradarle, sea cual fuera el resultado.
Los pensamientos inútiles arruinan todo: allí es donde comienzan los problemas; pero tenemos que rechazarlos tan pronto como percibimos su impertinencia para el asunto que estamos tratando o para nuestra salvación, rechazarlos, y retornar a nuestra comunión con Dios.
Al principio había pasado su tiempo de oración rechazando frecuentemente pensamientos erráticos, volviendo a caer en ellos. Nunca había regulado su devoción según ciertos métodos como hacen algunos. Sin embargo, al principio practicó la meditación por algún tiempo, pero poco después lo dejó, por razones que no sabría explicar.
Todas las mortificaciones y otros ejercicios corporales son inútiles en cuanto no sirvan para llegar a la unión con Dios por el amor; lo había considerado, y descubierto que el camino más corto para ir directamente a Él era el continuo ejercicio del amor, y hacer todo en su honor.
Tenemos que hacer una gran diferencia entre los actos del entendimiento y los de la voluntad; los primeros eran comparativamente de poco valor, mientras que todos los otros lo son.
Nuestra única misión es amar a Dios y deleitarnos en Él.
Cualquier forma de mortificación, si carece del amor de Dios, es incapaz de borrar un solo pecado. Debemos esperar, sin ansiedad alguna, el perdón de nuestros pecados de la Sangre de Jesucristo, sólo preocupándonos por amarlo con todo nuestro corazón. Dios parece haber concedido los mayores favores a los más grandes pecadores, como monumentos más evidentes de su misericordia.
Los mayores dolores o placeres de este mundo no podían compararse con los dolores y placeres que había experimentado a nivel espiritual: de esta forma no se preocupaba por nada ni temía nada, deseando solamente una cosa de Dios, el no ofenderlo. No experimento escrúpulos, por ejemplo, cuando fallo en mis tareas. Rápidamente lo reconozco, diciendo que estoy acostumbrado a obrar así: nunca podré hacer algo distinto si soy abandonado a mí mismo. Si no fallo, entonces doy gracias a Dios reconociendo que viene de Él. 
Tercera Conversación
El cimiento de su vida espiritual había sido el alto conocimiento y estima de Dios en la fe; que una vez bien entendida, ya no tuvo ninguna otra preocupación sino el de rechazar fielmente todo otro pensamiento, para poder así realizar todas sus acciones por amor a Dios. Cuando no tenía ningún pensamiento de Dios por un tiempo, no se inquietaba. Más bien después de haber reconocido su iniquidad ante Dios, volvía a Él con una confianza aún mayor que el descubrimiento de cuán pecador había sido por haberlo olvidado.
La confianza que ponemos en Dios lo honra grandemente, y hace descender grandes gracias.
Es imposible no solo que Dios engañe, sino también que deje a sufrir a un alma perfectamente resignada a Él y resuelta a soportar cualquier cosa por Él.
Experimentaba el pronto socorro de la Gracia Divina en toda ocasión, y por esta misma razón, cuando tenía una tarea que cumplir, no pensaba en ella de antemano, sino recién cuando llegaba el momento de hacerlo, y encontraba en Dios, como en un espejo limpio, todo lo que era adecuado hacer. Últimamente había venido actuando de esta manera, sin anticipar preocupaciones; sino que venía actuando de la manera arriba descrita.
Cuando los trabajos externos le distraían un poco de pensar en Dios, un fresco recuerdo proveniente de Dios le llenaba el alma, y se veía tan inflamado y transportado que le resultaba difícil contenerse. 
Estaba más unido a Dios en sus trabajos externos, que cuando los dejaba para retirarse a cumplir con sus devociones.
Esperaba en el futuro próximo un gran dolor corporal o mental, y lo peor que podría sucederle era perder aquel sentido de Dios que había disfrutado por tanto tiempo, pero que la bondad de Dios le aseguraba que no le abandonaría por completo, y que le daría fuerza para soportar cualquier mal que Dios permitiera que le suceda; por tanto, no tenía ningún temor y no había tenido la ocasión de consultar con nadie acerca de su estado. Cuando intentó hacerlo, siempre había salido más perplejo; y que como estaba consciente de su disponibilidad de entregar su vida por amor a Dios, no tenía ninguna aprehensión al peligro. La perfecta renuncia a Dios era un camino seguro al cielo, un camino en el cual tenemos siempre suficiente luz para conducirnos.
Al inicio de la vida espiritual, debemos ser fieles en cumplir nuestros deberes y negarnos a nosotros mismos; una vez hecho esto se alcanzan placeres inefables: en las dificultades necesitamos recurrir solamente a Jesucristo, y suplicar por su gracia, con la cual todo llega a ser fácil.
Muchos no avanzan en la maduración cristiana porque se aferran a penitencias y ejercicios particulares mientras descuidan el amor a Dios, que es el fin. Esto se manifiesta claramente en sus obras, y es la razón por qué se ven tan pocas virtudes sólidas.
No se necesita ni arte ni ciencia para ir a Dios, sino solamente un corazón resueltamente determinado a no dedicarse a otra cosa que a Dios o en su honor, y amarle solamente a Él.Cuarta Conversación
Todo consiste en una renuncia de corazón a todas las cosas que percibimos que no conducen a
Dios. Podemos acostumbrarnos a conversar continuamente con Él con libertad y simplicidad.
Para dirigirnos a Él en todo momento sólo necesitamos: Reconocer que Dios está íntimamente
presente con nosotros; que podemos pedir su ayuda para conocer su voluntad en cosas
dudosas, y para realizar correctamente aquellas que vemos claramente que Él requiere de
nosotros, ofreciéndoselas antes de realizarlas, y agradeciéndole cuando hemos terminado.
En nuestra conversación con Dios, también debemos aplicarnos a alabarle, adorarle y amarle
por su infinita bondad y perfección.
Sin desanimarnos por nuestros pecados, deberíamos orar pidiendo su gracia con una confianza
perfectaen los méritos infinitos de nuestro Señor. Dios nunca ha fallado en darnos su gracia
para cada acción; él (Hermano Lorenzo) lo percibía claramente y nunca le había fallado, a
menos que sus pensamientos se hubieran apartado del sentido de la presencia de Dios, o
cuando se había olvidado de pedir su ayuda.
Dios siempre nos da luz en nuestras dudas, si no tenemos otro propósito en la vida que el de
agradarle.
Nuestra santificación no depende de cambiar de trabajos, sino en hacer, para la gloria de Dios,
aquello que comúnmente hacemos para nosotros mismos. Era lamentable ver cómo mucha
gente confundía los medios con el fin, obsesionándose en hacer ciertas cosas que hacían muy
imperfectamente, debido a sus consideraciones humanas o egoístas.
El método más excelente que había encontrado para ir a Dios era el de cumplir con las tareas
más comunes sin el deseo de agradar a los hombres; sino (hasta donde somos capaces) de
hacerlas puramente por amor a Dios.
Es un gran engaño pensar que los momentos de oración debían ser diferentes de otros
momentos. Estamos estrictamente obligados a unirnos a Dios por medio de la acción en el
tiempo de la acción, tanto como por la oración en su debido momento.
Su propia oración no era nada más que una dimensiónde la presencia de Dios, con su alma
insensible a todo, excepto al Amor Divino: Y cuando terminaban los momentos dedicados a la
oración, no encontraba ninguna diferencia porque seguía estando con Dios, alabándole y
bendiciéndole con todas sus fuerzas, de tal manera que pasaba su vida en un gozo continuo,
aunque esperaba que Dios le diera algunos sufrimientos cuando fuese más fuerte.
De una vez por todas deberíamos poner de corazón toda nuestra confianza en Dios y rendirnos
por completo a Él, seguros de que no nos defraudará.
No debemos cansarnos de hacer pequeñas cosas por amor a Dios, porque Él no toma en cuenta
lo grande de la obra sino el amor con que la hacemos. No deberíamos sorprendernos si,
inicialmente, fallamos frecuentemente en nuestros esfuerzos. Pero, finalmente deberíamos
adquirir un hábito que naturalmente produzca los actos, sin nuestra preocupación, y para
nuestro mayor deleite.
La esencia de la religión es la fe, la esperanza, y la caridad, por la práctica de las cuales nos
llegamos a unir a la voluntad de Dios: todo lo demás es indiferente y debe usarse como medios
para llegar a nuestro fin, y ser así absorbidos en adelante por la fe y el amor. Todas las cosas son posibles para el que cree, son menos difíciles para el que espera, son más
fáciles para el que ama. Y aún más fáciles para el que persevera en la práctica de estas tres
virtudes.
El fin que debemos proponernos es el de convertirnos, en esta vida, en los más perfectos
adoradores de Dios que podamos ser, como esperamos ser durante toda la eternidad.
Cuando ingresamos a la vida espiritual debemos considerar y examinar a fondo lo que somos. Y
entonces deberíamos encontrarnos dignos de todo desprecio, e inmerecedores del nombre de
cristianos, sometidos a toda clase de miserias e innumerables defectos que nos preocupan y
que causan vicisitudes perpetuas en nuestra salud, en nuestros humores, en nuestras
disposiciones internas y externas. En resumen, personas a las que Dios podría humillar
mediante muchos dolores y trabajos, tanto interiores como exteriores. Después de esto, no
deberíamos sorprendernos de que los hombres nos tienten, se opongan a nosotros y nos
contradigan. Debemos, por el contrario, someternos aquello y soportarlo tanto como Dios
quiera, como cosas altamente ventajosas para nosotros.
Después, mientras a mayor perfección aspire un alma, mayor será su dependencia de la Gracia
Divina.
Siendo cuestionado por uno de su propia comunidad (a quien estaba obligado a abrirse), sobre
los medios con los que había obtenido ese sentido habitual de Dios, dijo que desde que había
ingresado al monasterio había considerado a Dios como el fin de todos sus pensamientos y
deseos, y la meta a la cual debían tender, y en la cual deberían terminar.
Al principio de su noviciado pasaba las horas señaladas para la oración privada pensando en
Dios, para convencer a su mente e imprimir profundamente en su corazón la existencia divina,
mediante sentimientos devotos y sumisión a la luz de la fe, más que mediante estudiados
razonamientos y elaborada meditación. Mediante este simple y seguro método, se ejercitó en
el conocimiento y el amor de Dios, resolviendo usar sus mayores esfuerzos para vivir en
continuo sentido de su Presencia, y, en lo posible, de no olvidarlo nunca jamás.
Así, cuando había llenado su mente con grandes sentimientos de aquel Ser Infinito, iba a
trabajar a la cocina (porque era el cocinero de la comunidad); allí, después de considerar
seriamente las cosas que requerían su oficio, y cuándo y cómo debía ser hecha cada cosa,
ocupaba todos los intervalos de su tiempo, así como antes y después del trabajo, en oración.
Al comenzar su trabajo le decía a Dios, con confianza filial: “Oh, Dios mío, puesto que tú estás
conmigo, y porque ahora debo, en obediencia a tus mandamientos, aplicar mi mente a estas
cosas externas, te suplico que me concedas la gracia para continuar en tu presencia, y para este
propósito bendíceme con tu asistencia, recibe todos mis trabajos, y posee todos mis afectos.”
Mientras trabajaba continuaba su conversación familiar con su Creador, implorando su gracia, y
ofreciéndole a Él todas sus acciones.
Cuando había terminado, examinaba cómo había cumplido con su deber. Si lo veía bien, le daba
las gracias a Dios. De lo contrario, pedía perdón y, sin desanimarse, de nuevo ponía su mente
en orden y continuaba con su ejercicio de la presencia de Dios, como si nunca se hubiera
desviado de ella. “De esta manera”, decía, “levantándome tras mis caídas, y mediante
renovados y frecuentes actos de fe y amor, he llegado a un estado en el que me resultaría tan
difícil no pensar en Dios como fue al principio acostumbrarme a hacerlo.
Como el Hermano Lorenzo había encontrado gran beneficio en caminar en la presencia de Dios,
era natural que lo recomendara fervientemente a otros; pero su ejemplo era un incentivo más fuerte que cualquier argumento que pudiera proponer. Su mismo dominio de sí era edificante;
reflejando una dulce y calmada devoción, que no podía sino afectar a quien le observara. Y
evidenciaba que en los momentos de mayor urgencia en el trabajo de la cocina, él seguía
manteniendo sus recogimiento y su mente en cosas celestiales. Nunca estaba apurado ni
ocioso, sino que hacía cada cosa a su tiempo, con ininterrumpida compostura y tranquilidad de
espíritu. Decía: “para mí, el tiempo de trabajo no difiere del tiempo de oración, y en medio del
ruido y el alboroto de mi cocina, con muchas personas pidiendo cosas diferentes al mismo
tiempo, tengo una gran tranquilidad en Dios, como si estuviese de rodillas ante el Santísimo
Sacramento”.
CARTAS
Primera Carta
Ya que deseas tan fervientemente que te comunique el método mediante el cual he llegado al
habitual sentido de la presencia de Dios, que el Señor en su misericordia se ha dignado
concederme, debo decirte que con gran dificultad he cedido a tu insistencia; pero lo haré con
la condición de que no muestres mi carta a nadie. Si supiera que permitirías a otro verla, todo el
deseo que tengo por tu crecimiento no sería capaz convencerme a que lo hiciera. Lo que puedo
compartirte es:
Habiendo encontrado en muchos libros diferentes métodos para ir a Dios, y diversas prácticas
de vida espiritual, pensé que todo esto me confundiría, en vez de facilitarme lo que estaba
buscando, que no era otra cosa que pertenecer plenamente a Dios.
Esto me decidió dar todo por quien es Todo: después de haberme entregado totalmente a Dios,
y de hacer toda enmienda posible por mis pecados; renuncié, por amor a Él a todo lo que no
era Él, y comencé a vivir como si no hubiera nada en el mundo que no fueran Él y yo. A veces
me consideraba delante de Él como un pobre criminal a los pies de su juez; en otras ocasiones
le contemplaba en mi corazón como mi Padre y mi Dios. Le adoraba lo más frecuentemente
posible, manteniendo mi mente en su santa Presencia, y recogiéndola tan pronto la encontraba
apartándose de Él. Este ejercicio me produjo no poco dolor, sin embargo continuaba
haciéndolo a pesar de todas las dificultades que surgían, sin preocuparme o inquietarme
cuando mi mente divagaba involuntariamente. Hice de ésta mi tarea, tanto a lo largo del día,
como en los momentos establecidos de oración; en todo momento, a cada hora y a cada
minuto, aún en lo más pesado de mi trabajo, expulsaba de mi mente cualquier cosa que
pudiera interrumpir mi pensamiento de Dios.
Ésta ha sido mi práctica desde que entré en religión, y aunque lo he hecho muy
imperfectamente, he encontrado grandes ventajas en ello. Todo esto, lo sé muy bien, debe
atribuirse solamente a la misericordia y bondad de Dios, porque no podemos hacer nada sin Él,
y aún, menos que nada. Pero cuando somos fieles en mantenernos en su Santa Presencia, y lo
tenemos siempre ante nosotros, esto no sólo nos previene de ofenderlo, haciendo nada que le
desagrade, al menos deliberadamente, sino que también genera en nosotros una santa
libertad, y si puedo así decirlo, una familiaridad tal con Dios que cuando le pedimos algo, Él nos
concede las gracias que necesitamos. En fin, al repetir frecuentemente estas acciones, se hacen
habituales, y la presencia de Dios se vuelve natural en nosotros. Dale gracias, por favor, conmigo, por su gran bondad para conmigo, que nunca dejo de admirar, por los muchos
favores que Él ha hecho a un pecador tan miserable como yo. Que todas las cosas le alaben.
Amén.
Segunda Carta
Al no encontrar mi forma de vida en los libros, aunque no tengo ningún problema con ello, -sin
embargo-, para mayor seguridad me agradaría conocer tus pensamientos al respecto.
En una conversación que tuve hace algunos días con una persona piadosa, me dijo que la vida
espiritual era una vida de gracia, que comienza con un temor servil, que es incrementada por la
esperanza de la vida eterna y que es consumada por el amor puro. Que cada uno de estos
estados tenía diferentes etapas, a través de las cuales uno llega finalmente a la santa
consumación.
Yo no he seguido esos métodos. Por lo contrario, no sé por qué instinto, los encontré
desalentadores. Ésta fue la razón por qué, cuando entré en religión, tomé la resolución de
entregarme a Dios, como la mejor manera de hacer reparación por mis pecados; y, por amor a
Él, renunciar a todo.
Durante los primeros años, usualmente me dedicaba durante el tiempo asignado para la
devoción, con pensamientos de muerte, del juicio, del infierno, del cielo, y de mis pecados.
Luego seguí durante algunos años aplicando cuidadosamente mi mente el resto del día e
incluso en medio de mis actividades, a la presencia de Dios, a quien consideraba siempre
conmigo, y frecuentemente como si estuviera en mí.
Después de mucho tiempo, comencé casi sin darme cuenta a hacer lo mismo durante mi
tiempo de oración, lo que me causaba gran deleite y consolación. Esta práctica produjo en mí
un aprecio tan grande por Dios, que la fe sola era suficiente para satisfacerme.
Así fue mi inicio; aunque debo decirte que durante los primeros diez años sufrí mucho: el temor
de no estar dedicado a Dios como anhelaba estarlo, mis pecados pasados siempre presentes en
mi mente, y los grandes e inmerecidos favores que Dios me hacía, eran la naturaleza y el origen
de mis sufrimientos.
Durante este tiempo caí frecuentemente, pero me levanté igualmente. Me parecía que todas
las criaturas, la razón, y Dios mismo estaban en mi contra, y que solamente la fe estaba a mi
favor. A veces me preocupaba el pensamiento de que creer que había recibido tales favores era
efecto de mi presunción, que pretendía ya estar donde otros llegan con dificultad. Otras veces
que era un engaño intencionado, y que no había salvación para mí.
Cuando no pensaba en otra cosa sino en terminar mis días en estas tribulaciones (que de
ninguna manera disminuyeron la confianza que tenía en Dios y servía solo para aumentar mi
fe), me encontré de pronto totalmente cambiado; y mi alma, que hasta ese momento estaba
atribulada, sintió una profunda paz interior, como si hubiera llegado a su centro y lugar de
reposo.
Desde entonces, camino ante Dios con sencillez, en fe, con humildad y amor, y me dedico
diligentemente a no hacer ni pensar nada que pueda desagradarle. Espero que cuando haya
hecho lo que puedo, Él hará conmigo lo que le complazca.
En cuanto a lo que me pasa en el presente, no puedo casi expresarlo. No experimento ningún
dolor o dificultad respecto de mi estado, porque no tengo otra voluntad que la de Dios, la cual
me esfuerzo por cumplir en todo, y a la cual estoy tan rendido que no levantaría una paja del suelo en contra de sus órdenes, o por cualquier otro motivo que no sea puramente por amor a
Él.
He abandonado toda forma de devoción y de oración excepto aquellas a las que me obliga mi
estado. Y me afano sólo en perseverar en su santa presencia, que mantengo prestando una
sencilla atención a Dios y y un agradable aprecio por Dios; que podría llamar una real presencia
de Dios o, por decirlo mejor, una conversación habitual, silenciosa y secreta del alma con Dios,
que frecuentemente me produce gozos y raptos interiores y a veces incluso exteriores, de
manera tal que me veo obligado a poner medios para moderarlos y evitar que se evidencien a
los demás.
En resumen, estoy seguro, por encima de toda duda, que mi alma ha estado con Dios durante
estos treinta años. Para no resultar tedioso omito muchas cosas, aunque pienso que es
apropiado informarte de qué manera me considero delante de Dios, a quien veo como mi Rey.
Me considero como el peor de los hombres, lleno de llagas y corrupción, y que ha cometido
toda clase de crímenes contra su Rey; tocado por un verdadero arrepentimiento le confieso
todas mis maldades, le pido perdón, me abandono en sus manos, para que Él haga conmigo lo
que quiera. Este Rey, lleno de misericordia y bondad, muy lejos de castigarme, me abraza con
amor, me sienta a comer en su mesa, me sirve con sus propias manos, me da la llave de sus
tesoros; conversa y se deleita conmigo incesantemente en miles y miles de maneras, y me trata
en todo como su favorito. Es así como me considero cada tanto en su santa presencia.
Mi método más usual es esta simple atención, y una preocupación general tan apasionada de
Dios, a quien me encuentro frecuentemente adherido con mayor dulzura y deleite que los de
un bebé en el pecho de su madre: y si me atrevo a usar esta expresión, también debería llamar
a este estado el seno de Dios, por la inexpresable dulzura que disfruto y experimento allí. Si a
veces por necesidad o enfermedad mis pensamientos se distraen. Instantáneamente me veo
recogido por mociones interiores, tan encantadoras y deliciosas que me da vergüenza
mencionarlas.
Deseo que con reverencia reflexiones más sobre mis grandes iniquidades, de las cuales estás
perfectamente informado, que sobre los grandes favores que Dios me hace, tan indigno y
desagradecido como soy.
Con respecto a mis horas de oración, son nada más que una continuación del mismo ejercicio. A
veces me considero como una piedra delante de un escultor, con la cual está por hacer una
estatua: presentándome así delante de Dios, deseo que Él haga su perfecta imagen en mi alma,
y me haga completamente como Él.
En otras ocasiones, cuando me dedico a la oración, siento que todo mi espíritu y toda mi alma
se elevan sin ningún esfuerzo de mi parte; y continúan como si estuvieran suspendidos y fijados
firmemente en Dios, como en su centro y lugar de reposo.
Yo sé que algunos califican a este estado de inactividad, engaño y amor a sí mismo. Confieso
que es una santa inactividad, y que podría ser un feliz amor a sí mismo, si el alma en ese estado
fuera capaz de ello; porque en efecto, mientras está en este reposo, no puede ser turbada por
aquellos actos a los que estaba anteriormente acostumbrada, y en los que se apoyaba, pero
que ahora serían más un obstáculo que una ayuda.
Sin embargo, no puedo soportar que a esto se lo llame engaño, porque el alma que así se
deleita en Dios no desea nada sino a Él. Si esto es un engaño en mí, está en Dios remediarlo. Que Él haga conmigo lo que quiera hacer: yo sólo lo deseo a Él, y estar totalmente dedicado a
Él.
Sin embargo, espero me hagas el favor de darme tu parecer, al que siempre presto mucha
atención, porque tengo una singular estima por ti, y soy tuyo en nuestro Señor.
Tercera Carta
Tenemos un Dios cuya gracia es infinita, y que conoce todos nuestros deseos. Siempre pensé
que te abajaría hasta el extremo. Él vendrá a su tiempo, cuando menos lo esperas. Espera en Él
más que nunca: agradécele conmigo por los favores que te hace, especialmente por la fortaleza
y la paciencia que te da en tus aflicciones: es una clara señal del cuidado que tiene de ti;
consuélate en Él, y dale gracias por todo.
Yo también admiro la fortaleza y el coraje de M-. Dios le ha dado una buena disposición y
buena voluntad; pero en él hay todavía un poco del mundo, y una gran cantidad de juventud.
Espero que la aflicción que Dios le ha enviado se le manifieste como un remedio completo, y le
haga entrar en sí mismo. Es un accidente muy adecuado para llamarlo a poner toda su
confianza en Él, que lo acompaña a todas partes: que piense en Él tanto como pueda,
especialmente ante los más grandes peligros. Elevar un poco corazón es suficiente, un pequeño
recuerdo de Dios, un acto de adoración interior, aun en medio de la marcha y espada en mano,
son oraciones que, aunque sean cortas, son sin embargo muy aceptables para Dios. Y lejos de
disminuir el valor de un soldado en situaciones de peligro, son excelentes para fortalecerlo.
Déjalo que piense en Dios lo más que pueda, que se acostumbre gradualmente a realizar este
pequeño pero santo ejercicio; nadie lo nota, y nada es más fácil que repetir frecuentemente
durante el día estas pequeñas adoraciones interiores. Recomiéndale por favor que piense en
Dios lo más que pueda, de la manera que aquí indico. Es muy adecuado y necesario para un
soldado, que está expuesto diariamente a los peligros de la vida, y frecuentemente de su
salvación. Espero que Dios le ayude a él y a toda su familia, a quienes presento mi servicio,
siendo de ellos y tuyo.
Cuarta Carta
[En esta carta el Hno. Lorenzo habla de sí mismo en tercera persona]
Aprovecho esta oportunidad para comunicarte los sentimientos de uno de los miembros de
nuestra comunidad con respecto a los efectos admirables y las continuas ayudas que recibe de
la presencia de Dios. Saquemos tú y yo provecho de ello.
Debes saber que, durante los años que ha estado en religión, que son más de cuarenta, su
continua preocupación ha sido estar siempre con Dios, y no hacer nada, ni decir nada ni pensar
nada que podría desagradar al Señor; y esto sin ningún otro interés que puramente el amor por
Él y porque Él merece infinitamente más.
Está tan acostumbrado a la presencia Divina, que recibe continuos favores en todo momento.
Durante unos treinta años, su alma ha estado llena de gozos tan frecuentes, y a veces tan
grandes, que se ve obligado a moderarlos y a ocultar sus manifestaciones exteriores.
Si a veces está un poco ausente de la presencia Divina, Dios se hace sentir en su alma para
recogerlo; lo que le suele suceder cuando más metido está en su trabajo exterior: él responde
con fidelidad precisa a este jalón interior, sea elevando su corazón a Dios, o con una mansa y afectuosa atención, o por aquellas palabras que el amor suscita en estas ocasiones, como por
ejemplo: “Mi Dios, aquí estoy totalmente consagrado a Ti”; “Señor, hazme de acuerdo a tu
corazón”. Y entonces le parece (porque en efecto, así lo siente) que este Dios de amor,
satisfecho con esas pocas palabras, reposa nuevamente y descansa en la profundidad y centro
de su alma. Experimentar estas cosas le da la seguridad de que Dios siempre está en lo
profundo, en el fondo de su alma, y lo hace incapaz de dudar de ellos, pase lo que pase.
Juzga por ti mismo de cuánta alegría y satisfacción disfruta, al encontrar en sí mismo
continuamente un tesoro tan grande: ya no está en una ansiosa búsqueda. Lo tiene abierto
delante de él, y puede tomar lo que quiera.
Él se queja mucho de nuestra ceguera, y reclama que deberíamos lamentarnos de contentarnos
con tan poco. Dios, dice él, tiene un tesoro infinito para otorgarnos, y nos conformamos con
una pequeña devoción sensible, que pasa en un instante. Ciegos como somos, entorpecemos a
Dios, y detenemos la corriente de su gracia. Pero cuando Dios encuentra un alma penetrada de
una fe viva, derrama en ella sus gracias y favores plenamente. De allí fluyen como un torrente
que, después de haber sido detenido contra su curso natural, ha encontrado una vía y se
derrama impetuosa y abundantemente.
Sí, frecuentemente detenemos este torrente, por el poco valor que le damos. Pero no lo
detengamos más: entremos en nosotros mismos y derribemos el dique que lo detiene.
Hagamos camino para la gracia; recuperemos el tiempo perdido, porque quizás nos quede
poco; la muerte nos sigue de cerca. Estemos bien preparados para ella porque morimos sólo
una vez, y el fracaso aquí es irremediable.
Lo digo de nuevo: entremos en nosotros mismos. El tiempo nos apremia: no hay lugar para
retrasos; nuestras almas están en juego. Creo que tú has tomado tales medidas efectivas, y que
no serás sorprendido. Te advierto que ésta es la única cosa necesaria: debemos, sin embargo,
siempre trabajar en ella, porque en la vida espiritual no avanzar es retroceder.
Pero aquellos que tienen el aliento del Espíritu Santo avanzan aun cuando duermen. Si la nave
de nuestra alma todavía está agitada por vientos y tormentas, despertemos al Señor que
reposa en ella, y Él rápidamente calmará el mar.
Me he tomado la libertad de compartir contigo estos buenos sentimientos, para que puedas
compararlos con los tuyos: te servirán para encenderlos e inflamarlos nuevamente, si por
desgracia (Dios no quiera, porque sería ciertamente un gran daño) tus sentimientos se hubieran
enfriado, aunque sea algo. Entonces, recordemos tú y yo los primeros favores recibidos.
Saquemos provecho del ejemplo y sentimientos de este hermano, que es poco conocido en el
mundo, pero conocido por Dios, y extremadamente mimado por Él. Oraré por ti. Ora en este
momento por mí, que soy tuyo en nuestro Señor.
Quinta Carta
Hoy recibí dos libros y una carta de la Hermana, que está preparándose para hacer su
profesión, y por esta razón desea las oraciones de tu santa comunidad, y las tuyas en particular.
Noto que espera mucho de ellas. Ora, nola decepciones. Ruega a Dios que ella pueda hacer su
sacrificio sólo por amor a Él, y con la firme resolución de estar totalmente dedicada a Él.
Te enviaré uno de aquellos libros que tratan de la presencia de Dios; un tema que, en mi
opinión, contiene toda la vida espiritual, y pienso que todo el que lo practique debidamente
pronto llegará a ser espiritual. Sé que para su correcta práctica, el corazón debe estar vacío de todas las demás cosas; porque
Dios posee el corazón él solo, no puede poseerlo sin que esté vacío de todo lo demás. No puede
actuar allí y hacer en él lo que a Él le agrada a menos que sea dejado totalmente vacío para Él.
No hay en el mundo una vida más dulce y deliciosa que aquella que mantiene una continua
conversación con Dios. Sólamente pueden comprenderlo aquellos que lo practican y
experimentan; sin embargo, no te aconsejo que lo hagas por ese motivo, porque no es el placer
lo que debemos buscar en este ejercicio. Hagámoslo desde un principio de amor, y porque Dios
nos poseerá.
Si yo fuera un predicador, mi prioridad sería predicar la práctica de la presencia de Dios. Y si
fuera un director, le recomendaría a todo el mundo hacerlo: tan necesario pienso que es, y tan
sencillo también.
¡Ah! Si comprendiéramos la necesidad que tenemos de la gracia y ayuda de Dios, nunca
perderíamos la mirada de Él, no, ni por un momento. Créeme; haz inmediatamente una
resolución santa y firme de no olvidar a Dios voluntariamente nunca más, y pasar el resto de
tus días en su sagrada presencia, abandonado por amor a Él, si esa es su voluntad para ti.
Empéñate de todo corazón en esta tarea, y si haces lo que deberías, puedes estar segura de
que pronto experimentarás sus efectos. Te ayudaré con mis oraciones, pobres como son. Me
encomiendo fervientemente a las tuyas, y a las de tu santa comunidad.
Sexta Carta
He recibido de la señora - las cosas que le diste de mi parte. Me pregunto por qué no me has
dicho lo que piensas acerca del librito que te envié, y que debes haber recibido. Ora de todo
corazón sobre su práctica en tu ancianidad. Es mejor tarde que nunca.
No puedo imaginar cómo personas religiosas pueden vivir satisfechas sin la práctica de la
presencia de Dios. Por mi parte, me mantengo retirado con Él en la profundidad y el centro de
mi alma tanto como puedo, y mientras estoy así con Él nada temo, pero el más mínimo
alejamiento de Él es insoportable.
Este ejercicio no fatiga mucho el cuerpo: es sin embargo, apropiado privarlo algunas veces, no
frecuentemente, de muchos pequeños placeres inocentes y permitidos, porque Dios no
permitirá que un alma que desea estar enteramente consagrada a Él encuentre placeres en
otras cosas y no en Él, más allá de lo razonable.
No digo que debemos imponernos represiones violentas. No, debemos servir a Dios con una
santa libertad, debemos hacer nuestros trabajos fielmente, sin dificultad ni intranquilidad;
haciendo volver nuestra mente a Dios suavemente y con tranquilidad, tan frecuentemente
como percibimos que está desviándose de Él.
Es necesario, sin embargo, poner toda nuestra confianza en Dios, dejando a un lado todas las
otras preocupaciones, e incluso ciertas formas particulares de devoción que, aunque son muy
buenas en sí mismas, uno con frecuencia se sumerge en ellas desmesuradamente: porque esas
devociones son sólo medios para alcanzar el fin; así que cuando por medio de este ejercicio de
la presencia de Dios estamos con Él que es nuestro fin, es inútil entonces retornar a los medios;
pero podemos continuar nuestro intercambio de amor con Él, perseverando en su santa
presencia; a veces mediante un acto de alabanza, de adoración, o de deseo; otras veces
mediante un acto de renuncia o de acción de gracias; y en todas las otras maneras que nuestro
espíritu pueda crear.No te desanimes por el rechazo que puedas encontrar en este ejercicio por naturaleza; debes
hacerte violencia. Al principio, uno piensa frecuentemente que es tiempo perdido; pero debes
seguir adelante, y decidirte a perseverar en ello hasta la muerte, a pesar de todas las
dificultades que pueden presentarse. Me encomiendo a las oraciones de tu santa comunidad, y
a las tuyas en particular. Soy tuyo en nuestro Señor.
Séptima Carta
Tengo pesar por ti. Será de gran importancia si dejas el cuidado de tus asuntos a -, y pasas el
resto de tu vida solamente adorando a Dios. Él no requiere grandes cosas de nosotros,
recordarlo un poco de tanto en tanto, un poco de adoración: a veces para pedir por su gracia,
otras para ofrecerle tus sufrimientos, y a veces para agradecerle por los favores que te ha
concedido, y te concede aun, en medio de tus preocupaciones, y para consolarte con Él tan
frecuentemente como puedas. Eleva tu corazón a Él, incluso durante tus comidas, y cuando
estás acompañado: hasta el más pequeño recuerdo le será aceptable. No necesitas clamar en
voz alta, Él está más cerca de nosotros de lo que nos damos cuenta.
No es necesario para estar con Dios estar siempre en la iglesia. Podemos convertir nuestro
corazón en un oratorio, donde podamos retirarnos de tanto en tanto, para conversar con Él en
mansedumbre, humildad, y amor. Todos son capaces de mantener una conversación familiar
con Dios, algunos más, algunos menos: Él sabe lo que podemos hacer. Comencemos pues;
quizás Él espera apenas una generosa decisión de nuestra parte. Ten valor. Tenemos poco
tiempo para vivir, tú estás cerca de los sesenta y cuatro años, y yo casi tengo ochenta. Vivamos
y muramos con Dios: los sufrimientos serán dulces y agradables para nosotros, mientras
estemos con Él, y los más grandes placeres serán, sin Él, un cruel castigo para nosotros. Sea
bendito por todos. Amén.
Acostúmbrate a adorarlo gradualmente, a suplicar por su gracia, a ofrecerle tu corazón de tanto
en tanto, en medio de tus trabajos, incluso a cada momento si puedes. No te confines
escrupulosamente a ciertas reglas, o particulares formas de devoción, más bien actúa con una
gran confianza en Dios, con amor y humildad. Ten la seguridad de mis pobres oraciones, y que
soy vuestro siervo, y tuyo particularmente.
Octava Carta
No me dices nada nuevo: tú no eres el único que tiene problemas con los pensamientos
erráticos. Nuestra mente es extremadamente divagante; pero como la voluntad gobierna todas
nuestras facultades, ella debe recapturarla y llevarla a Dios como su meta final.
Cuando nuestra mente, por falta de haber sido suficientemente controlada por el recogimiento,
a nuestro primer intento de devoción, ha contraído ciertos malos hábitos de divagar y
dispersarse, éstos se vuelven difíciles de vencer, y frecuentemente nos arrastrarán, incluso
contra nuestra voluntad, a cosas mundanas
Creo que un remedio para esto es confesar nuestras faltas, y humillarnos delante de Dios. No te
sugiero multiplicar las palabras en la oración, porque las muchas palabras y los largos discursos
frecuentemente son ocasiones para divagar: mantente en oración ante Dios así como un mudo
o un paralítico mendiga a la puerta de un hombre rico. Que tu trabajo sea mantener tu mente
en la presencia del Señor. Si a veces tu mente se distrae y se aparta de Él, no te inquietes
mucho; la preocupación y la inquietud más bien sirven para distraer la mente, que para recogerla. La voluntad debe retornarla a la tranquilidad; si perseveras en este modo, Dios
tendrá piedad de ti.
Una manera para recoger la mente fácilmente en el tiempo de oración, y mantenerla tranquila,
es no permitirle divagar en otras ocasiones: debes mantener tu mente estrictamente en la
presencia de Dios, y cuando te acostumbres a pensar en Él frecuentemente, encontrarás fácil
mantener tu mente en calma en el tiempo de oración, o por lo menos recogerla de sus
divagaciones.
En mis cartas anteriores te he mencionado ampliamente las ventajas que podemos obtener de
esta práctica de la presencia de Dios: Dediquémonos a ella seriamente, y oremos mutuamente.
Novena Carta
Lo que te escribo es una respuesta a algo que recibí de --. Te pido que se la hagas llegar. Me
parece que está llena de buena voluntad, pero que quiere ir más rápido que la gracia. Uno no
llega a ser santo en un instante. Te la encomiendo. Debemos ayudarnos mutuamente con
nuestros consejos, pero mucho más con nuestros buenos ejemplos. Te agradeceré que me
permitas saber de ella de vez en cuando, y si es que es muy ferviente y obediente.
Pensemos frecuentemente que nuestro único trabajo en esta vida es agradar a Dios, y quizás
todo lo demás no sea otra cosa que locura y vanidad. Tú y yo hemos vivido durante más de
cuarenta años en religión. ¿Los hemos empleado en amar y servir a Dios, quien en su
misericordia nos ha llamado a este estado y para este fin? Me lleno de vergüenza y confusión
cuando reflexiono, por un lado, sobre los grandes favores que Dios me ha hecho y continúa
haciéndome incesantemente, y por otro sobre el mal uso que hago de ellos y mi poco progreso
en el camino de la perfección.
Puesto que por su misericordia nos concede todavía un poco de tiempo, comencemos con
diligencia, hagamos reparación por el tiempo perdido, retornemos con una plena seguridad a
aquel Padre de misericordias que siempre está dispuesto a recibirnos afectuosamente.
Renunciemos, renunciemos generosamente por amor a Él a todo lo que no es Él Mismo; Él
merece infinitamente más. Pensemos en Él perpetuamente. Pongamos toda nuestra confianza
en Él: no dudo de que pronto encontraremos su beneficios, al recibir la abundancia de su
gracia, con la cual podemos hacer todas las cosas, y sin la cual no podemos hacer nada excepto
pecar.
No podemos escapar a los peligros que abundan en la vida sin la ayuda presente y continua de
Dios. Oremos a Él continuamente por esto. ¿Cómo podemos pedirle sin estar con Él?
¿Cómo podemos estar con Él si no pensamos en Él frecuentemente? ¿Y cómo podemos pensar
frecuentemente si no es por medio de haber formado el santo hábito de hacerlo? Me dirás que
siempre estoy diciendo lo mismo: es verdad, porque éste es el mejor y más sencillo método que
conozco; y como no uso otro, se lo sugiero a todo el mundo. Debemos conocer antes de amar.
Para conocer a Dios, debemos pensar frecuentemente en Él, y cuando llegamos a amarle,
debemos seguir pensando en Él frecuentemente, porque nuestro corazón estará con nuestro
tesoro. Este es un argumento que bien merece tu consideración.
Décima Carta
Me ha sido bastante difícil obligarme a escribirle a M. -, y lo hago ahora solamente porque tú y
Madame lo quieren de mí. Por favor, escribe la dirección y envíale la carta. Estoy muy contento con la confianza que tienes en Dios: Te deseo que Él la aumente en ti más y más. Jamás sería
demasiado lo que podríamos tener de tan buen y fiel Amigo que nunca nos fallará en este
mundo ni en el venidero.
Si M.- saca provecho de la pérdida que ha tenido, y pone toda su confianza en Dios, pronto Él le
dará otro amigo, más poderoso y más inclinado a servirle. Dios dispone de los corazones como
Él quiere. Quizás M.- estaba demasiado apegado al que ha perdido. Debemos amar a nuestros
amigos, pero sin afectar con ello el amor a Dios, que debe ser el principal.
Por favor, recuerda lo que te he recomendado, que es pensar frecuentemente en Dios, de día,
de noche, en tus trabajos, y aún en tus diversiones. Él siempre está cerca de ti y contigo; no lo
dejes solo ¿Piensas que es descortés dejar solo a un amigo que vino a visitarte? ¿Por qué,
entonces, Dios ha de ser descuidado? No lo olvides, piensa en Él frecuentemente, adórale
continuamente, vive y muere con Él; ésta es la gloriosa ocupación de un cristiano; en una
palabra, ésta es nuestra profesión, si no lo sabemos debemos aprenderlo. Voy a esforzarme
para ayudarte con mis oraciones, tuyo en nuestro Señor.
Undécima carta
No oro para que seas librado de tus dolores; sino que le rezo a Dios fervientemente para que te
dé fuerzas y paciencia para soportarlas durante todo el tiempo que Él quiera. Consuélate con
Quien te mantiene atado a la cruz: Él te soltará cuando le parezca oportuno. Felices quienes
sufren con Él: acostúmbrate a sufrir de esa manera, y busca de Él la fuerza para soportar tanto y
durante tanto tiempo como Él lo juzgue necesario para ti. Los hombres del mundo no
comprenden estas verdades, y no debemos sorprendernos, debido a que sufren como lo que
son, y no como cristianos: ellos consideran a la enfermedad como un dolor a la naturaleza, y no
como un favor de Dios. Y viéndolo solamente así, no encuentran nada sino aflicción y angustia.
Pero aquellos que consideran que la enfermedad viene de la mano de Dios, como efecto de su
misericordia y como el medio que Él emplea para su salvación, comúnmente encuentran en ello
gran dulzura y consolación.
Quisiera que te convenzas de que Dios frecuentemente está más cerca de nosotros (en cierto
sentido) y más efectivamente presente con nosotros en la enfermedad que en la salud. No
confíes en ningún otro médico, porque según yo entiendo, Dios se reserva tu cura para Sí
Mismo. Pon toda tu confianza en Él, y pronto verás sus efectos en tu recuperación, la que con
frecuencia retardamos porque ponemos mayor confianza en la medicina que en Dios.
Sean los que fueren los remedios que uses, serán eficaces solamente en la medida que Él lo
permita. Cuando los dolores provienen de Dios, solamente Él puede curarlos. Con frecuencia
envía enfermedades al cuerpo para curar las enfermedades del alma.
Consuélate con el Médico Soberano tanto del alma como del cuerpo.
Puedo prever que me dirás que estoy muy tranquilo porque puedo comer y beber en la mesa
del Señor. Tienes razón: pero piensa, ¿No sería doloroso para el criminal más grande del
mundo, comer a la mesa del rey, y ser servido por él, recibir tales favores, sin estar seguro de su
perdón? Creo que sentiría una inquietud extremamente grande que nada podría moderar,
excepto la confianza en la bondad de su soberano. Así que puedo asegurarte que cualquiera
que sea el placer que disfruta en la mesa de mi Rey, mis pecados, siempre presentes ante mis
ojos, así como la incertidumbre de mi perdón, me atormentan, aunque en verdad ese tormento
en sí mismo es agradable. Estate satisfecho con la condición en la que Dios te pone: por muy feliz que yo pudiera ser, te
envidio. Los dolores y los sufrimientos serían un paraíso para mí, mientras sufriera con mi Dios,
y el mayor de los placeres sería un infierno si tuviera que gustarlo sin Él; todo mi consuelo sería
sufrir algo por amor a Él.
En poco tiempo debo ir con Dios. Lo que me consuela en esta vida es que ahora lo veo por fe, y
lo veo de una manera tal que a veces puedo decir: “Ya no creo, veo”. Siento lo que la fe nos
enseña, y en la seguridad y la práctica de la fe, viviré y moriré con Él.
Continúa, entonces, siempre con Dios, que es el único sostén y consuelo para tu aflicción. Voy a
rogarle que esté contigo. Quedo a tu servicio.
Duodécima Carta
Si estuviéramos acostumbrados al ejercicio de la presencia de Dios, todas las enfermedades
físicas se verían aliviadas. Dios frecuentemente permite que suframos un poco para purificar
nuestras almas y animarnos a continuar con Él.
Ten valor, ofrécele a Él tus dolores incesantemente, ora pidiéndole fortaleza para soportarlos.
Sobre todo, adquiere el hábito de pasar tiempo frecuentemente con Dios, y olvídale lo menos
que puedas. Adórale en tus enfermedades, ofrécete a Él de tanto en tanto; y en la cumbre de
tus sufrimientos, ruégale humilde y afectuosamente (como un hijo a su Padre) para que puedas
conformarte a su santa voluntad. Yo voy a esforzarme por ayudarte con mis pobres oraciones.
Dios tiene muchas maneras de atraernos a Sí Mismo. A veces se oculta de nosotros, pero sólo la
fe, que no nos fallará en tiempo de necesidad, debe ser nuestro sustento y el cimiento de
nuestra confianza, y debe estar puesta toda en Dios
Yo no sé lo que Dios dispondrá de mí. Siempre estoy feliz, todo el mundo sufre, y yo, que
merezco la disciplina más severa, experimento gozos tan continuos y tan grandes que a duras
penas puedo contenerlos.
Quisiera pedirle voluntariamente a Dios una parte de tus sufrimientos, pero conozco mi
debilidad, que es tan grande que si Él me dejara librado a mi mismo por un momento, sería el
hombre más miserable. Y sin embargo sé que no va a dejarme solo, porque la fe me da una
convicción tan grande como mis sentidos podrían hacerlo, de que Él nunca nos abandona si es
que nosotros no le abandonamos a Él primero. Tengamos temor de dejarle. Estemos siempre
con Él. Vivamos y muramos en su presencia. Ora por mí, como yo oro por ti.
Decimotercera Carta
Me duele verte sufrir durante tanto tiempo. Lo que me da cierto alivio y dulzura en el
sentimiento que tengo de tus dolores, es que son la prueba del amor de Dios hacia ti: míralos
en esa perspectiva, y los soportarás más fácilmente. Ante tu caso, pienso que deberías dejar de
lado los remedios humanos, y entregarte por entero a la providencia de Dios; quizás Él espera
solamente esa entrega y una perfecta confianza en Él para curarte. Dado que a pesar de todos
tus cuidados médicos, la medicina se ha demostrado inútil y tus males se han incrementado, no
sería tentar a Dios abandonarte en sus manos, y esperar todo de Él.
Te dije en mi última carta que a veces Él permite enfermedades del cuerpo para curar las
enfermedades del alma. Ten ánimo: haz virtud de la necesidad: Pídele a Dios no que te libere de
tus dolores, sino que te dé fuerzas para soportar resueltamente, por amor a Él, todo lo que Él
quiera y por el tiempo que quiera. Esas oraciones, ciertamente, son algo difíciles para la naturaleza, pero muy aceptables a Dios, y
dulces para aquellos que lo aman. El amor endulza los sufrimientos. Y cuando uno ama a Dios,
sufre por amor a Él con gozo y coraje. Te ruego que lo hagas; consuélate con Él, que es el único
Médico de todas nuestras enfermedades. Él es el Padre de los afligidos, y siempre dispuesto a
ayudarnos. Nos ama infinitamente más de lo que imaginamos: Ámale, entonces, y no busques
ningún consuelo en otra parte. Espero que pronto lo recibas. Adiós. Te ayudaré con mis
oraciones, pobres como son, y siempre seré tuyo en nuestro Señor.
Decimocuarta Carta
Doy gracias a nuestro Señor por haberte aliviado un poco de acuerdo a tu deseo. He estado con
frecuencia cerca de expirar, aunque nunca me sentí tan satisfecho como entonces. Por
consiguiente no oraba pidiendo alivio, sino oraba por la fuerza para sufrir con valor, humildad y
amor. ¡Ah! ¡Cuán dulce es sufrir con Dios! No importa cuán grande puedan ser los sufrimientos,
acéptalos con amor. Es el paraíso sufrir y estar con Él; y si en esta vida vamos a gozar de la paz
del paraíso, debemos acostumbrarnos a mantener una conversación familiar, humilde y
afectuosa con Él. Debemos evitar que nuestro espíritu se aparte de Él en cualquier ocasión.
Debemos hacer de nuestro corazón un templo espiritual donde podamos adorarle sin cesar.
Debemos vigilarnos continuamente para que no hagamos, ni digamos, ni pensemos nada que
pueda desagradarle. Cuando nuestra mente está así ocupada con Dios, los sufrimientos se
llenarán de unción y consolación.
Sé que para llegar a este estado, el comienzo es muy difícil; porque debemos actuar puramente
por fe. Pero aunque es difícil, sabemos también que podemos hacer todo con la gracia de Dios,
que Él nunca la rehúsa a los que la piden ardientemente. Llama, persevera en llamar, y doy fe
de que Él te abrirá a su debido tiempo, y te concederá de una vez todo lo ha retenido durante
muchos años.
Adiós. Ora a Dios por mí, y yo oro por ti. Espero ver a Dios pronto.
Decimoquinta Carta
Dios sabe mejor que nadie lo que necesitamos, y todo lo que hace es para nuestro bien. Si
supiéramos cuánto nos ama, siempre estaríamos listos para recibir por igual y con indiferencia
de su mano lo dulce y lo amargo, nos complacería todo lo que viene de Él. Las aflicciones más
acuciantes no parecen insoportables, salvo cuando las vemos con la luz equivocada. Cuando las
vemos en la mano de Dios, que es quien las dispensa, cuando sabemos que es nuestro Padre
amante quien nos humilla y nos aflige, nuestros sufrimientos pierden su amargura, y llegan a
ser hasta materia de consuelo.
Que toda nuestra ocupación sea conocer a Dios: mientras más se le conoce, más se le desea
conocer. Y como el conocimiento es comúnmente la medida del amor, mientras más profundo
y extenso sea nuestro conocimiento, mayor será nuestro amor: y si nuestro amor a Dios fuera
grande le amaríamos igualmente en los dolores y en los placeres.
No nos distraigamos buscando o amando a Dios por favores sensibles (no importa cuán
elevados) que nos ha hecho o pueda hacernos. Tales favores, aunque nunca muy grandes, no
pueden acercarnos a Dios como la fe lo hace en un simple acto. Busquémoslo a Dios  frecuentemente por la fe, Él está en nosotros. 

No le busquemos en otro lugar ¿No somos desconsiderados y dignos de reprensión, si le dejamos solo, para ocuparnos por insignificancias que no le agradan y quizás le ofenden? Debemos temer que estas insignificancias algún día nos  cuesten caro. Comencemos a dedicarnos a Él con gran fervor. Arrojemos todo lo que hay de irrelevante en nuestro corazón. Sólo Él debe poseerlo por completo. Supliquemos este favor de Él. Si hacemos lo que podemos de nuestra parte, pronto veremos el cambio que anhelamos. No puedo agradecerle lo suficiente por el alivio que te ha concedido. Espero de su misericordia el favor de poder verlo dentro de unos días. Oremos mutuamente. [El Hermano Lorenzo cayó en cama dos días después y murió esa misma semana]

DETRAS DE CADA TRAMITE HAY UNA NECESIDAD O UN DOLOR, UN DERECHO Y TODA DEMORA OCASIONA UN PERJUICIO

jueves, 5 de septiembre de 2013

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LOS EE.UU. de NORTEAMÉRICA Barack Hussein Obama

SOLO LE FALTÓ ESTIGMATIZARLO COMO GENOCIDA AL ESTILO DEL ALEMAN HITLER, O EL RUSO STALIN-

Carta abierta al Presidente de los
EE.UU. de Norteamérica
Barack Hussein Obama
Escucha el clamor de los pueblos!
La situación en Siria es preocupante y una vez más los EE.UU., erigiéndose en gendarme del mundo, pretende invadir Siria en nombre de la “Libertad” y los “derechos humanos”.
Tu predecesor George W. Bush  en su locura mesiánica supo instrumentalizar el fundamentalismo religioso para llevar a cabo las guerras en Afganistán e Irak. Cuando declaraba que conversaba con Dios, y Dios le decía que tenía que atacar a Irak, lo hacía porque era dictamen de Dios exportar la “libertad” al mundo.
Tú has hablado, con motivo de los 50 años de la muerte del Reverendo Luther King, también Premio Nobel de la Paz, de la necesidad de completar el “Sueño” de la mesa compartida, de quien fuera la más significativa expresión de lucha por los derechos civiles contra el racismo en la primera democracia esclavista del mundo. Luther King fue un hombre que dio su vida para dar vida, y por eso es un mártir de nuestro tiempo. Lo mataron después de la Marcha sobre Washington porque amenazaba con desobediencia civil a seguir siendo cómplices de la guerra imperialista contra el pueblo de Vietnam. ¿Realmente crees que invadir militarmente a otro pueblo es aportar a ese sueño?
Armar rebeldes para luego autorizar la intervención de la OTAN, no es algo nuevo por parte de tu país y tus aliados. Tampoco es nuevo que EE.UU. pretenda invadir países acusándolos de posesión de armas de destrucción masiva, que en el caso de Irak resultó no ser cierto. Tu país ha apoyado el régimen de Saddam Hussein que utilizó armas químicas para aniquilar a la población kurda y contra la Revolución Iraní y no hizo nada para sancionarlo porque en ese momento eran aliados. Sin embargo ahora pretenden invadir Siria sin siquiera saber los resultados de las investigaciones que está haciendo la ONU por autorización del mismo gobierno Sirio. Ciertamente que el uso de las armas químicas es inmoral y condenable, pero tu gobierno no tiene autoridad moral alguna para justificar una intervención.
El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, expresó que un ataque militar en Siria podría empeorar el conflicto.
Mi país, la Argentina, que se encuentra ejerciendo la Presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU, ha hecho pública su posición contra una intervención militar extranjera en la República Siria negándose a ser “cómplice de nuevas muertes”.
El Papa Francisco también llamó a globalizar el pedido de paz y decretó una jornada de ayuno y oración en contra de la guerra para el día 7 de septiembre, a la cual nos adherimos.
Hasta tu histórico aliado, Gran Bretaña, se ha negado (al menos de momento) a ser parte de la invasión.
Tu país está transformando la “Primavera Árabe” en el infierno de la OTAN,  provocando  guerras en el Medio Oriente y desatando la rapiña de las corporaciones internacionales. La invasión que pretendes llevará a más violencia y más muertes, así como a la desestabilización de Siria y de la región. ¿Con qué objetivo? El lúcido analista, Robert Fisk, ha precisado que el objetivo es Irán y postergar la concreción del estado palestino, no es la indignación que producen la muerte de cientos de niños sirios lo que los motiva a ustedes a intervenir militarmente. Y justamente cuando ha triunfado en Irán un gobierno moderado, donde se podría tratar de contribuir a lograr escenarios de negociación pacífica a los conflictos existentes. Esa política será suicida de tu parte y de tu país.
Siria necesita una solución política, no militar. La comunidad internacional debe dar su apoyo a las organizaciones sociales que buscan la paz. El pueblo sirio, como cualquier otro, tiene derecho a su autodeterminación y a definir su propio proceso democrático y debemos ayudar en lo que nos necesiten.
Obama, tu país no tiene autoridad moral, ni legitimidad, ni legalidad para invadir Siria ni ningún otro país.Mucho menos luego de haber asesinado 220.000 personas en Japón lanzando bombas de destrucción masiva.
Ningún congresal del parlamento de Estados Unidos puede legitimar lo ilegitimable, ni legalizar lo ilegalizable. En especial teniendo en cuenta lo que dijo hace unos días el ex presidente noerteamericano James Carter: “EE.UU. no tiene una democracia que funcione”.
Las escuchas ilegales que realiza tu gobierno al pueblo norteamericano parecen no ser del todo eficientes, porque según una encuesta pública de Reuters, el 60% de los estadounidenses se oponen a la invasión que quieres llevar a cabo.
Por eso te pregunto Obama ¿A quién obedeces?
Tu gobierno se ha convertido en un peligro para el equilibrio internacional y para el propio pueblo estadounidense. EE.UU. se ha vuelto un país que no puede dejar de exportar muerte para mantener su economía y poderío. Nosotros no dejaremos de intentar impedirlo.
Yo estuve en Irak luego de los bombardeos que realizó EE.UU. en la década de los 90′s, antes de la invasión que derrocó a Sadham Hussein. Ví un refugio lleno de niños y mujeres asesinados por misiles teledirigidos. “Daños colaterales” los llaman Uds.
Los pueblos están diciendo ¡BASTA!  a las guerras. La humanidad reclama la Paz y el derecho a vivir en libertad. Los pueblos quieren transformar las armas en arados,  y el camino para lograrlo es  “DESARMAR LAS CONCIENCIAS ARMADAS”.
Obama, nunca olvides que siempre recogemos los frutos de lo que sembramos. Cualquier ser humano debería sembrar paz y humanidad, más aún un Premio Nobel de la Paz. Espero que no termines convirtiendo el “sueño de fraternidad” que anhelaba Luther King en una  pesadilla para los pueblos y la humanidad.
Recibe el saludo de Paz y Bien
Adolfo Pérez Esquivel
Premio Nobel de la Paz

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DETRAS DE CADA TRAMITE HAY UNA NECESIDAD O UN DOLOR, UN DERECHO Y TODA DEMORA OCASIONA UN PERJUICIO

jueves, 22 de agosto de 2013

ASPECTOS JURIDICOS DEL CLOUD COMPUTING EN EL PERÚ por Julio Núñez Ponce ∗PERU

ASPECTOS JURIDICOS DEL CLOUD COMPUTING EN EL PERÚ por Julio Núñez Ponce PERU
1. ASPECTOS GENERALES.-
"Cloud computing" es un nuevo modelo de prestación de servicios de negocio y tecnología, que permite al usuario acceder a servicios estandarizados y responder a las necesidades de su negocio, de forma flexible, pagando únicamente por el consumo efectuado. “Observadores de la industria y ejecutivos de Tecnologías de la Información, están aclamando el modelo cloud computing por las ventajas que aporta a la empresa: agilidad, facilidad de uso, escalabilidad y reducción de costos..” 1
El cambio paradigmático que ofrece computación en nube es que permite aumentar el número de servicios basados en la red. Esto genera beneficios tanto para los proveedores, que pueden ofrecer, de forma más rápida y eficiente, un mayor número de servicios, como para los usuarios que tienen la posibilidad de acceder a ellos, disfrutando de la ‘transparencia’ e inmediatez del sistema y de un modelo de pago por consumo.
Computación en nube consigue aportar estas ventajas, apoyándose sobre una infraestructura tecnológica dinámica pero también teniendo en cuenta el marco legal vigente. En el Perú, consideramos que este marco legal debe incluir entre otros temas: la protección de datos personales, el derecho de autor, la intermediación digital, la tributación informática y otros temas de derecho informático. El objetivo de la presente ponencia es precisar este ámbito y analizar los principales tópicos, con una visión jurídica e informática, aplicables al Cloud Computing en el Perú.
II.- EL CLOUD COMPUTING Y LA PROTECCION DE DATOS PERSONALES
En el tema de Protección de Datos Personales, hay que tener en cuenta que recientemente se ha promulgado la Ley 29733 de Protección de Datos Personales2
Abogado, Máster en Derecho Empresarial por la Universidad de Lima. Experto en Derecho Informático. Consultor. Profesor Universitario. Coordinador Académico del Diplomado en Derecho Informático organizado por la Maestría de Ingeniería de Sistemas e Informática de la UNMSM. Profesor de Derecho e Informática en la Facultad de Derecho de la UNIFE de Lima, Perú. Profesor Titular de Derecho Informático en el Curso de Formación de Fedatarios Juramentados con Especialización en Informática 2011 en el Ilustre Colegio de Abogados de Lima, Perú. Director Iberoamericano de Derecho Informático y TICs en ASIDER. Autor de los Libros: 1) Derecho Informático. 2) Software, Licencia de Uso, Derecho y Empresa. 3) temas de Derecho Informático y Negocios Electrónicos. Co-autor de los Libros : 4) Derecho Tributario (aspectos generales, constitucionales, informáticos, etc). 5) Tratado de Derecho Mercantil Tomo 2 y 3 (Titulos Valores Electrónicos, Contratación Electrónica. 6) Derecho Procesal y Derecho Informático , establece lo siguiente: “La presente Ley tiene por objeto garantizar el derecho
1 SCHULTZ, Beth: “La Economía Cloud” en Revista CIOPerú, Boletín Especial Nº 3. Junio 2011. Ed. Saya Comunicaciones SAC. Lima, Perú. Páginas 4 a 6.
2 Ley 29733, Ley de Protección de Datos Personales Peruana. Diario Oficial El Peruano. Lima, Perú. 3 de Julio de 2011.
fundamental a la protección de datos personales, previsto en el artículo 2, inciso 6 de la Constitución Política del Perú, a través de su adecuado tratamiento, en un marco de respeto a los demás derechos fundamentales que en ella se reconocen”. Este adecuado tratamiento incluye la utilización de los datos personales en las distintas actividades, incluyendo la utilización del cloud computing que permite ahorrar costos. “El Tratamiento de Datos personales debe realizarse en pleno respeto de los derechos fundamentales de sus titulares y de los derechos que esta Ley confiere. Igual regla rige para su utilización por terceros” y aquí debe tenerse en cuenta que la información y los datos personales en el Cloud Computing van a ser utilizados por terceros, por tanto estos terceros deben respetar los derechos fundamentales. Más aún la reciente ley 29733 precisa que: “Los datos personales sólo podrán ser objeto de tratamiento con consentimiento de su titular, salvo ley autoritativa al respecto. El consentimiento deberá ser previo, informado, expreso e inequívoco”. En consecuencia, debe informarse en forma previa y completa en que forma van a ser utilizados los datos personales en la Computación en Nube o Cloud Computing de forma tal que el consentimiento sea expreso e inequívoco.
Dentro de los Principios de Protección de Datos Personales que deben tomarse a consideración en las operaciones de Cloud Computing, tenemos los siguientes: A) Principio de Legalidad: El tratamiento de los datos personales se hará conforme a lo establecido en la ley. Se prohíbe la recopilación de datos personales por medios fraudulentos, desleales o ilícitos. B) Principio de Consentimiento: Para el tratamiento de datos personales debe mediar el consentimiento de su titular. C) Principio de Finalidad: Los datos personales deberán ser recopilados para una finalidad determinada, explícita y lícita. El tratamiento de los datos personales no deberá extenderse a otra finalidad que no haya sido establecida de manera inequívoca como tal al momento de su recopilación, excluyendo los casos de disociación o anonimización. D) Principio de Proporcionalidad: Todo Tratamiento de Datos Personales deberá ser adecuado, relevante y no excesivo a la finalidad para la que éstos hubiesen sido recopilados. E) Principio de Calidad: Los datos personales que vayan a ser tratados deberán ser veraces, exactos y en la medida de lo posible actualizados, necesarios, pertinentes y adecuados con la finalidad para la que éstos fueron recopilados. Deberán conservarse de forma tal que se garantice su seguridad y sólo por el tiempo necesario para cumplir con la finalidad del tratamiento. F) Principio de Seguridad: El titular del banco de datos personales y el encargado de su tratamiento deberán adoptar todas las medidas técnicas y organizativas necesarias para garantizar la seguridad de los datos personales. Las medidas de seguridad deberán ser apropiadas y acordes al tratamiento que se vaya a efectuar y a la categoría de datos personales de que se trate.
Con respecto al Tráfico Internacional de datos, conforme la Ley 29733, el titular y el encargado del banco de datos personales podrán realizar el flujo transfronterizo de datos personales sólo si los destinatarios mantienen niveles de protección adecuados conforme a la presente Ley. La Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales supervisará el cumplimiento de esta exigencia3
3 Conforme el artículo 32 de la Ley 29733, el Ministerio de Justicia, a través de la Dirección Nacional de Justicia, es la Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales. Para el cumplimiento de sus . Se entiende, conforme la
Ley 29733, por flujo transfronterizo de datos personales a: “la transferencia internacional de datos personales a un destinatario situado en un país de origen de los datos personales, sin importar el soporte en que éstos se encuentren, los medios por los cuales se efectuó la trasnferencia, ni el tratamiento que reciban”. Por tanto, en las operaciones de cloud computing que se den sobre los datos personales de un país a otro país, vamos a estar dentro del flujo transfornterizo de datos personales y en estos casos deben garantizarse tanto los principios rectores, ya señalados, como los derechos que la ley reconoce, que son, entre otros los derechos de información, acceso, rectificación, actualización y cancelación. Y la Autoridad Nacional es competente para supervisar esta exigencia.
III.- DERECHO DE AUTOR y el CLOUD COMPUTING
Con respecto a Ley de Derecho de Autor y Software, en el Perú conforme la Ley de Derecho de Autor4
Son derechos morales los derechos de: divulgación, paternidad, integridad, modificación o variación, retiro de la obra del comercio y acceso. En cambio, el derecho patrimonial comprende el derecho exclusivo de realizar, autorizar o prohibir; la reproducción, la comunicación, distribución, traducción, adaptación y cualquier otra forma de utilización de la obra. , el Software se protege en los mismos términos que las obras Literarias, es decir que contienen asimismo los Derechos Morales y Patrimoniales. El autor de una obra tiene por el sólo hecho de la creación la titularidad originaria de un derecho exclusivo y oponible a terceros, que comprende a su vez, los derechos de orden moral y patrimonial determinados en la ley. Los derechos morales son perpetuos, inalienables, inembargables, irrenunciables e imprescriptibles. En cambio, los derechos patrimoniales son de duración determinada (setenta años), alienables, embargables, prescriptibles, renunciables, independientes entre sí.
“Licencia es la autorización o permiso que concede el titular de los derechos (licenciante) al usuario de la obra u otra producción protegida (licenciatario), para utilizarla en una forma determinada y de conformidad con las condiciones convenidas en el contrato de licencia. A diferencia de la cesión, la licencia no transfiere la titularidad de los derechos. El titular de la licencia de derecho de autor tiene sólo aquellos derechos otorgados por la licencia y sólo puede ejercitarlos bajo las condiciones precisas estipuladas en el otorgamiento...”5
En cuánto a las licencias de Uso de Software y las operaciones de Cloud Computing consideramos que deben identificarse las aplicaciones que están impulsando el negocio y verificar si su uso puede hacerse respetando el derecho de autor, por lo tanto hay que verificar las clausulas del respectivo contrato de licencia de uso. Al hacer un análisis previo puede encontrarse una cantidad de aplicaciones, que debido a . En las operaciones de Cloud Computing el software utilizado por los usuarios deberá estar de acuerdo con las condiciones contractuales del respectivo contrato de licencia de uso de software.
funciones, la Autoridad Nacional cuenta con el apoyo y asesoramiento técnico de la Oficina Nacional de Gobierno Electrónico e Informática (ONGEI).
4 Ley de Derecho de Autor, Decreto Legislativo 822, vigente desde el año 1996 y que contiene disposiciones específicas en torno al software, a las base de datos y las creaciones multimedia.
5 NUÑEZ PONCE, Julio: “Software, licencia de uso, derecho y empresa”. Fondo de Desarrollo Editorial de la Universidad de Lima. 1998. Lima, Perú. Página 70.
la forma que habían sido construidas, no se prestan a ser utilizados en una estrategia de nube a menos que sean sometidos a una completa reingeniería.
La reingeniería va a implicar utilizar programas derivados o variar las versiones sucesivas del programa, para lo cual debe concordarse con las respectivas licencias de uso de software que soportan estas aplicaciones y analizar los otorgamientos y limitaciones existentes en este tipo de contratos.
Otro tema a analizar en la utilización del software en la Nube es la necesidad de determinar conforme el derecho de autor la aplicación de la Interoperabilidad Licita en las operaciones de Cloud Computing con la finalidad de asegurar un adecuado acoplamiento en el negocio electrónico y en la actividad empresarial.
IV.- LA INTERMEDIACION DIGITAL Y El CLOUD COMPUTING
En la Ley de Firmas y Certificados Digitales6
El sistema de intermediación digital, conforme a ley, se realiza a través de los prestadores de servicio de valor añadido. Los prestadores de servicios de valor añadido tienen las siguientes funciones: a) Participar en la transmisión o envio de documentos electrónicos firmados digitalmente, siempre que el usuario lo haya solicitado expresamente. b) Certificar los documentos electrónicos con fecha y hora cierta (Sellado de Tiempo) o en el almacenamiento de tales documentos, aplicando medios que garanticen la integridad y no repudio de los datos de origen y recepción (Sistema de Intermediación digital). c) Generar certificados de autenticación a los usuarios que lo soliciten. Dentro de las obligaciones de los prestadores de servicio de valor añadido tenemos: “mantener la confidencialidad de la información relativa a los usuarios de los servicios, limitando su empleo a las necesidades propias del servicio del valor añadido. Puede precisarse también en la normatividad aplicable que los servicios de cloud computing pueden estar también incluidos en sus actividades a realizar. se regula el sistema de Intermediación Digital, de la siguiente forma: “ es el sistema Web que permite la transmisión y almacenamiento de información, garantizando el no repudio, confidencialidad e integridad de las transacciones a través del uso de componentes de firma digital, autenticación y canales seguros”. Somos de la opinión que la intermediación digital incluye servicios de Cloud Computing y éstos pueden ser proporcionados por prestadores de servicios de valor añadido.
“Por otra parte, la firma digital generada dentro de la infraestructura oficial de firma electrónica tiene la misma validez y eficacia jurídica que el uso de una firma manuscrita. En tal sentido cuando la ley exija la firma de una persona, este requisito se entenderá cumplido en relación con un documento electrónico si utiliza una firma digital generada en el marco de la infraestructura oficial de firma electrónica”7
6 Ley 27269, de Firmas y Certificados Digitales del año 2000, que incluye dentro de su contenido a la intermediación digital en el ordenamiento jurídico peruano. . En los Servicios de Valor Añadido en las operaciones de Cloud Computing puede utilizarse
7 NUÑEZ PONCE, Julio: “Comentarios al Nuevo Reglamento de la Ley Peruana de Firmas y Certificados Digitales” En JUSLegislación , Revista de Comentarios y Análisis de Legislación, número 7, Julio 2008. Editorial Grijley, Lima, Perú. Página ix.
firma digital para dar seguridad en la utilización de los servicios, software, base de datos y demás aplicaciones empresariales en la Nube.
V.- EL IMPUESTO A LA RENTA Y EL IMPUESTO GENERAL A LAS VENTAS Y EL CLOUD COMPUTING.
Con respecto a el Impuesto a la Renta y el Cloud Computing. “Se entiende por servicio digital a todo servicio que se pone a disposición del usuario a través del Internet o de cualquier adaptación o aplicación de los protocolos, plataformas o de la tecnología utilizada por Internet, o cualquier otra red a través de las que se presten servicios equivalentes mediante accesos en línea y que se caracteriza por ser esencialmente automático y no ser viable en ausencia de la tecnología de la Información. Para efectos del Reglamento de la Ley del Impuesto a la Renta del Perú, las referencias a páginas de Internet, proveedor de Internet, operador de internet o internet comprenden tanto a Internet como a cualquier otra red, pública o privada”. Somos de la opinión que los Servicios de Cloud Computing están incluidos como servicios digitales en la legislación del Impuesto a la Renta en el Perú8
El servicio digital se utiliza económicamente, se usa o se consume en el país, cuando ocurre cualquiera de los siguientes supuestos: a) Sirve para el desarrollo de las actividades económicas de un contribuyente perceptor de rentas de tercera categoría o para el cumplimiento de los fines de la Ley de una Persona jurídica inafecta el impuesto, ambos domiciliados, con el propósito de generar ingresos gravados o no con el impuesto. Se presume que un contribuyente perceptor de rentas de tercera categoría que considere como gasto o costo la contraprestación por el servicio digital, que cumple con el principio de causalidad, utiliza económicamente el servicio en el país. b) Sirve para el desarrollo de las actividades económicas de los sujetos intermediarios con el propósito de generar ingresos gravados o no con el impuesto. c) Sirve para el desarrollo de las funciones de cualquier entidad del Sector Público Nacional. .
Con respecto a el Impuesto General a las Ventas y el Cloud Computing, debemos considerar que conforme Ley, el Impuesto general a las ventas grava , entre otras, las siguientes operaciones: “a) La venta en el país de bienes muebles. b) La prestación o utilización de servicios en el país..” Se entiende por servicio: “toda prestación que una persona realiza para otra y por la cual percibe una retribución o ingreso que se considere renta de tercera categoría… Entiéndase que el servicio es prestado en el país cuando el sujeto que lo presta se encuentra domiciliado en él para efectos del Impuesto a la Renta, sea cual fuere el lugar de celebración del contrato o el pago de la retribución. El servicio es utilizado en el país cuando siendo prestado por un sujeto no domiciliado, es consumido o empleado en el territorio nacional, independientemente el lugar en que se pague o se perciba la contraprestación y del lugar donde se celebre el contrato”.
En este orden de ideas “..consideramos que el software a medida es gravado en la prestación o utilización de servicios en el país”9
8 Vid. “Legislación Tributaria Peruana” Ed. Jurista Editores. Setiembre 2009. Lima , Perú. 673 p.p. . Asimismo, es gravado con el
9 NUÑEZ PONCE, Julio: “Informática y Tributación” en Libro “Derecho Tributario: Aspectos constitucionales, generales, informáticos..”. Ed. Grijley. 2009. Lima, Perú. Página 333.
Impuesto General a las Ventas el software que forma parte de un servicio digital como en Cloud Computing en los términos señalados en la legislación tributaria peruana.
VI.- CONCLUSIONES
En cuanto a las conclusiones que hemos llegado en esta ponencia, mencionamos las siguientes:
a) La protección de datos personales alcanzan los datos personales incluidos en operaciones de Cloud Computing.
b) En las operaciones de Cloud Computing en flujo internacional de datos personales deben respetarse tanto los principios rectores como los derechos contenidos en la Ley 29733, Ley Peruana de Protección de Datos Personales.
c) En las operaciones de Cloud Computing el software utilizado por los usuarios deberá estar de acuerdo con las condiciones contractuales del respectivo contrato de licencia de uso de software y de la Ley de Derecho de Autor.
d) En cuánto a las licencias de Uso de Software y las operaciones de Cloud Computing consideramos que deben identificarse las aplicaciones que están impulsando el negocio y verificar si su uso puede hacerse respetando el derecho de autor, por lo tanto hay que verificar las clausulas del respectivo contrato de licencia de uso.
e) Otro tema a analizar en la utilización del software en la Nube es la necesidad de determinar conforme el derecho de autor la aplicación de la Interoperabilidad Licita en las operaciones de Cloud Computing con la finalidad de asegurar un adecuado acoplamiento en el negocio electrónico y en la actividad empresarial.
f) Somos de la opinión que la intermediación digital incluye servicios de Cloud Computing y éstos pueden ser proporcionados por prestadores de servicios de valor añadido.
g) En los Servicios de Valor Añadido en las operaciones de Cloud Computing puede utilizarse firma digital para dar seguridad en la utilización de los servicios, software, base de datos y demás aplicaciones empresariales en la Nube.
h) Somos de la opinión que los Servicios de Cloud Computing están incluidos como servicios digitales en la legislación del Impuesto a la Renta en el Perú.
i) Asimismo, es gravado con el Impuesto General a las Ventas el software que forma parte de un servicio digital como en Cloud Computing en los términos señalados en la legislación tributaria peruana.
j) Hay otros temas de Derecho Informático relacionados con el Cloud Computing, entre los que mencionamos la evidencia digital y los delitos informáticos que investigaciones posteriores serán también abordados.
k) El derecho Informático debe adecuarse a este nuevo paradigma buscando una regulación sistémica, coherente e integral.
l) El XV Congreso Iberoamericano de Derecho e Informática es una oportunidad para interrelacionar el Derecho con las nuevas exigencias de la Tecnología Informática y responder eficazmente a la adecuación del Derecho a la realidad

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viernes, 2 de agosto de 2013

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO AL COMITÉ DE COORDINACIÓN DEL CELAM


DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO AL COMITÉ DE COORDINACIÓN DEL CELAM
Reproducimos las palabras del papa Francisco en el encuentro con el Comité de Coordinación del Celam en el Centro de Estudios de Sumaré, Río de Janeiro, Brasil, en el último día de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013.

1. INTRODUCCIÓN
Agradezco al Señor esta oportunidad de poder hablar con ustedes, hermanos Obispos, responsables del CELAM en el cuatrienio 2011-2015. Hace 57 años que el CELAM sirve a las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, colaborando solidaria y subsidiariamente para promover, impulsar y dinamizar la colegialidad episcopal y la comunión entre las Iglesias de esta Región y sus Pastores.
Como Ustedes, también yo soy testigo del fuerte impulso del Espíritu en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe en Aparecida, en mayo de 2007, que sigue animando los trabajos del CELAM para la anhelada renovación de las iglesias particulares. Esta renovación, en buena parte de ellas, se encuentra ya en marcha. Quisiera centrar esta conversación en el patrimonio heredado de aquel encuentro fraterno y que todos hemos bautizado como Misión Continental.
2. CARACTERÍSTICAS PECULIARES DE APARECIDA
Existen cuatro características que son propias de la V Conferencia. Son como cuatro columnas del desarrollo de Aparecida y que le dan su originalidad.
1) INICIO SIN DOCUMENTO
Medellín, Puebla y Santo Domingo comenzaron sus trabajos con un camino recorrido de preparación que culminó en una especie de Instrumentum laboris, con el cual se desarrolló la discusión, reflexión y aprobación del documento final. En cambio, Aparecida promovió la participación de las Iglesias particulares como camino de preparación que culminó en un documento de síntesis. Este documento, si bien fue referencia durante la Quinta Conferencia General, no se asumió como documento de partida. El trabajo inicial consistió en poner en común las preocupaciones de los Pastores ante el cambio de época y la necesidad de recuperar la vida discipular y misionera con la que Cristo fundó la Iglesia.
2) AMBIENTE DE ORACIÓN CON EL PUEBLO DE DIOS
Es importante recordar el ambiente de oración generado por el diario compartir la Eucaristía y otros momentos litúrgicos, donde siempre fuimos acompañados por el Pueblo de Dios. Por otro lado, puesto que los trabajos tenían lugar en el subsuelo del Santuario, la “música funcional” que los acompañaba fueron los cánticos y oraciones de los fieles.
3) DOCUMENTO QUE SE PROLONGA EN COMPROMISO, CON LA MISIÓN CONTINENTAL
En este contexto de oración y vivencia de fe surgió el deseo de un nuevo Pentecostés para la Iglesia y el compromiso de la Misión Continental. Aparecida no termina con un Documento sino que se prolonga en la Misión Continental.
4) LA PRESENCIA DE NUESTRA SEÑORA, MADRE DE AMÉRICA
Es la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano y El Caribe que se realiza en un Santuario mariano.
3. DIMENSIONES DE LA MISIÓN CONTINENTAL
La Misión Continental se proyecta en dos dimensiones: programática y paradigmática. La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera. La misión paradigmática, en cambio, implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El “cambio de estructuras” (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática.
La Misión Continental, sea programática, sea paradigmática, exige generar la conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados y hombres de buena voluntad. El discípulo de Cristo no es una persona aislada en una espiritualidad intimista, sino una persona en comunidad, para darse a los demás. Misión Continental, por tanto, implica pertenencia eclesial.
Un planteo como éste, que comienza por el discipulado misionero e implica comprender la identidad del cristiano como pertenencia eclesial, pide que nos explicitemos cuáles son los desafíos vigentes de la misionariedad discipular. Señalaré solamente dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.
RENOVACIÓN INTERNA DE LA IGLESIA
Aparecida ha propuesto como necesaria la Conversión Pastoral. Esta conversión implica creer en la Buena Nueva, creer en Jesucristo portador del Reino de Dios, en su irrupción en el mundo, en su presencia victoriosa sobre el mal; creer en la asistencia y conducción del Espíritu Santo; creer en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y prolongadora del dinamismo de la Encarnación.
En este sentido, es necesario que, como Pastores, nos planteemos interrogantes que hacen a la marcha de las Iglesias que presidimos. Estas preguntas sirven de guía para examinar el estado de las diócesis en la asunción del espíritu de Aparecida y son preguntas que conviene nos hagamos frecuentemente como examen de conciencia.
1. ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?
2. ¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen? ¿Creamos un hábito pro-activo? ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de replantear las actitudes pastorales y el funcionamiento de las estructuras eclesiales, buscando el bien de los fieles y de la sociedad?
3. En la práctica, ¿hacemos partícipes de la Misión a los fieles laicos? ¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?
4. ¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos de los Consejos Diocesanos? Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral? El buen funcionamiento de los Consejos es determinante. Creo que estamos muy atrasados en esto.
5. Los Pastores, Obispos y Presbíteros, ¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía? ¿Los apoyamos y acompañamos, superando cualquier tentación de manipulación o sometimiento indebido? ¿Estamos siempre abiertos para dejarnos interpelar en la búsqueda del bien de la Iglesia y su Misión en el mundo?
6. Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados?
Como se puede apreciar aquí están en juego actitudes. La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico: “entra en proceso” y sólo se lo puede contener acompañándolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brújula, para no perderse en este camino, es la de la identidad católica concebida como pertenencia eclesial.
DIÁLOGO CON EL MUNDO ACTUAL
Hace bien recordar las palabras del Concilio Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual.
La respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy, especialmente de las nuevas generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la Iglesia. Los escenarios y areópagos son de lo más variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen varios imaginarios colectivos que conforman “diversas ciudades”. Si nos mantenemos solamente en los parámetros de “la cultura de siempre”, en el fondo una cultura de base rural, el resultado terminará anulando la fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes: hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma, tiene un ritmo diverso.
4. ALGUNAS TENTACIONES CONTRA EL DISCIPULADO MISIONERO
La opción por la misionariedad del discípulo será tentada. Es importante saber por dónde va el mal espíritu para ayudarnos en el discernimiento. No se trata de salir a cazar demonios, sino simplemente de lucidez y astucia evangélica. Menciono sólo algunas actitudes que configuran una Iglesia “tentada”. Se trata de conocer ciertas propuestas actuales que pueden mimetizarse en la dinámica del discipulado misionero y detener, hasta hacer fracasar, el proceso de Conversión Pastoral.
1. La ideologización del mensaje evangélico. Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de “ver, juzgar, actuar” (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un “ver” totalmente aséptico, un “ver” neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad? Aparecida respondió: Con mirada de discípulo. Así se entienden los números 20 al 32. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Menciono sólo algunas:
a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista.
b) La ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el “encuentro con Jesucristo” y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, de misionariedad.
c) La propuesta gnóstica. Bastante ligada a la tentación anterior. Suele darse en grupos de élites con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada, que termina por desembarcar en posturas pastorales de “quaestiones disputatae”. Fue la primera desviación de la comunidad primitiva y reaparece, a lo largo de la historia de la Iglesia, en ediciones corregidas y renovadas. Vulgarmente se los denomina “católicos ilustrados” (por ser actualmente herederos de la Ilustración).
d) La propuesta pelagiana. Aparece fundamentalmente bajo la forma de restauracionismo. Ante los males de la Iglesia se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias a la “seguridad” doctrinal o disciplinaria. Fundamentalmente es estática, si bien puede prometerse una dinámica hacia adentro: involuciona. Busca “recuperar” el pasado perdido.
2. El funcionalismo. Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la “hoja de ruta”. La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de “teología de la prosperidad” en lo organizativo de la pastoral.
3. El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en buena parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical.
Podríamos seguir describiendo algunas otras tentaciones contra el discipulado misionero, pero creo que éstas son las más importantes y de más fuerza en este momento de América Latina y El Caribe.
5. ALGUNAS PAUTAS ECLESIOLÓGICAS
1. El discipulado-misionero que Aparecida propuso a las Iglesias de América Latina y El Caribe es el camino que Dios quiere para este “hoy”. Toda proyección utópica (hacia el futuro) o restauracionista (hacia el pasado) no es del buen espíritu. Dios es real y se manifiesta en el “hoy”. Hacia el pasado su presencia se nos da como “memoria” de la gesta de salvación sea en su pueblo sea en cada uno de nosotros; hacia el futuro se nos da como “promesa” y esperanza. En el pasado Dios estuvo y dejó su huella: la memoria nos ayuda a encontrarlo; en el futuro sólo es promesa… y no está en los mil y un “futuribles”. El “hoy” es lo más parecido a la eternidad; más aún: el “hoy” es chispa de eternidad. En el “hoy” se juega la vida eterna.
El discipulado misionero es vocación: llamado e invitación. Se da en un “hoy” pero “en tensión”. No existe el discipulado misionero estático. El discípulo misionero no puede poseerse a sí mismo, su inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misión. No admite la autorreferencialidad: o se refiere a Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe anunciar. Sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres que esperan el anuncio.
Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de “periferias existenciales” des-centra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.
2. La Iglesia es institución pero cuando se erige en “centro” se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese “misterium lunae” del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De “Institución” se transforma en “Obra”. Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en “Controladora”. Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no controladora de la fe.
3. En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia. Es el “Dios cercano” a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales “lejanas”, pastorales disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos… por supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la “revolución de la ternura” que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro. Una piedra de toque para calibrar la cercanía y la capacidad de encuentro de una pastoral es la homilía. ¿Qué tal son nuestras homilías? ¿Nos acercan al ejemplo de nuestro Señor, que “hablaba como quien tiene autoridad” o son meramente preceptivas, lejanas, abstractas?
4. Quien conduce la pastoral, la Misión Continental (sea programática como paradigmática), es el Obispo. El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear. Además de señalar las grandes figuras del episcopado latinoamericano que todos conocemos quisiera añadir aquí algunas líneas sobre el perfil del Obispo que ya dije a los Nuncios en la reunión que tuvimos en Roma. Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo también tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.
No quisiera abundar en más detalles sobre la persona del Obispo, sino simplemente añadir, incluyéndome en esta afirmación, que estamos un poquito retrasados en lo que a Conversión Pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros en este “hoy” de América Latina y El Caribe. Y sería bueno comenzar por aquí.

Les agradezco la paciencia de escucharme. Perdonen el desorden de la charla y, por favor, les pido que tomemos en serio nuestra vocación de servidores del santo pueblo fiel de Dios, porque en esto se ejercita y se muestra la autoridad: en la capacidad de servicio. Muchas gracias.

DETRAS DE CADA TRAMITE HAY UNA NECESIDAD O UN DOLOR, UN DERECHO Y TODA DEMORA OCASIONA UN PERJUICIO